LA VANALIDAD DE LO INTRASCENDENTE

En la vida hay una cosa para cada lugar, y un lugar para cada cosa; cada hecho o circunstancia en la vida de los seres y de la naturaleza tienen un tiempo, un espacio, un registro historico, y un resultado.

Aun cuando los hechos realizados al abrigo de la iniquidad son mas efimeros, aunque de gran intensidad; los hechos del amor y de la bondad, son trascendentes para la vida presente, pero mas para la vida plena y futura en la presencia de aquel que nos amo antes de nacer.

Lo que hagamos sea afanandonos, o tardandonos, u omitiendo, o forzando; no encajara en la ubicacion que la vida le da a las cosas. La naturaleza de Dios fue creada por El con una precision propia de la madre de todas las ciencias, cual es la Sabiduria de Dios.

Sabiduria que a diferencia del conocimiento y la sapiencia del ser humano, la Sabiduria divina tiene otro componente sustanciamente trascendente, univoco y perfecto, cual es el AMOR DE DIOS, bendito sea su nombre.

En las cosas que nos rodean observamos la dualidad intemporal de esos dos atributos divinos de Dios su amor, y su sabiduria; en lo cual convive y se manifiesta su omnipotencia, omnisciencia, omnipresencia. Su misericordia, su eternidad, su Espiritu, y su manifestacion a traves de la palabra y de Jesucristo.

La dimension de la vida del hombre esta sujeta a las debilidades de su carne, de sus pasiones, de su mente, de sus fobias y temores, de sus ambiciones, de sus esperanzas. Para el cuenta un tiempo, un lugar, una vivencia, un resultado. su sabiduria esta restringida, y sometida a sus propias pasiones. Es una sabiduria temporal, perecible, cambiante, situacional, expectante, dependiente, imperfecta; como lo es el alma y la mente humana.

Para que sirve pues, todo lo que el hombre hace?, si finalmente terminara horizontal en un cajon, y los gusanos se encargaran de hacerlo polvo, conforme a la palabra de Dios.

La experiencia generacional tambien es vanidad de vanidades, porque las generaciones completas desapareceran a su tiempo, en su lugar, segun los resultados, sus frutos olvidados quedaran en el recuerdo de las generaciones venideras.

En la vida humana, solo hay algo imperescible, eterno, trascendente, motivante, descomunal, vivo, y esa es la presencia del Señor en nuestras vidas. Lo demas es vanidad de vanidades, a su tiempo, a su momento, a su vivencia, a su resultado, termina en la vanidad.

Vida, vanidad de vanidades.

Todo tiene su tiempo

3:1 Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Todo es vanidad.

1:1 Palabras del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalén.
1:2 Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad.
1:3 ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?
1:4 Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece.
1:5 Sale el sol, y se pone el sol, y se apresura a volver al lugar de donde se levanta.
1:6 El viento tira hacia el sur, y rodea al norte; va girando de continuo, y a sus giros vuelve el viento de nuevo.
1:7 Los ríos todos van al mar, y el mar no se llena; al lugar de donde los ríos vinieron, allí vuelven para correr de nuevo.
1:8 Todas las cosas son fatigosas más de lo que el hombre puede expresar; nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír.
1:9 ¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol.
1:10 ¿Hay algo de que se puede decir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido.
1:11 No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después.
3:2 Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;
3:3 tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar;
3:4 tiempo de llorar, y tiempo de reir; tiempo de endechar, y tiempo de bailar;
3:5 tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar;
3:6 tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar;
3:7 tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar;
3:8 tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.
3:9 ¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana?

El Señor nos bendiga.