EN LA INTIMIDAD CON DIOS

Hay quienes llaman meditación, éxtasis, encuentro personal, orar, rezar, sintonía cósmica, recepción energética, no sé cuántas formas raras o entendibles se le puede llamar al mecanismo de buscar la presencia de Dios en nosotros, o de comunicarnos con el, que no es exáctamente lo mismo.

Porque Dios no habita en todos nosotros, la perfección espiritual, santa, de amor, de poder, y de gloria, no podría habitar en cualquier calidad espiritual humana, la comunión con Dios no la tienen todos.

Si no fuera esto correcto, como es que un criminal mata y viola repetidamente? Un mal comerciante estafa impune y repetidamente a sus clientes? Sin embargo, se enriquece significativamente, estarán siendo "bendecidos" por Dios para hacer sus fechorías?

Concluyentemente, somos creaturas de Dios, pero no todos somos hijos de Dios. No todos tienen una auténtica relación espiritual y amical con Dios.

Porque él no ama lo bueno y lo malo indistintamente. Dios está "en nosotros" cuando el amor del Espíritu de Dios habita en nuestras vidas permanentemente, en razón de una vida virtuosa y deseada para él, mejor dicho, cuando nuestras vidas, actos, y pensamientos, pueden testimoniar y demostrar que efectívamente él está en nosotros guiandonos.

Y decimos "nosotros con el", cuando lo buscamos por alguna necesidad o razón, en manera intermitente, convenida; y él observa generosamente como Dios a esa búsqueda nuestra realizada bajo nuestras humanas condiciones, criteros y reglas; y no bajo sus normas y leyes divinas que regulan su relación con los hombres.

Porque la justicia y los ojos de Dios son muy diferentes a los del hombre. Y como no hay simetría, armonía, conciliación y correspondencia entre ambas justicias y voluntades, Dios se retira nuevamente a esperar con paciencia nuestro cambio.

Porque la fe, el amor, las obras, deben ser como Dios manda que sean,y no como el hombre lo tiene establecido en su corazón, en sus tradiciones y en sus conveniencias folcloricas.

Sin embargo, y en ambos casos, su omnisciencia es más que maravillosa; pero mas todavia, cuando la real presencia de Dios llega a nosotoros; nos llena de gozo inefable, de paz, de un amor que definitivamente no procede de nosotros mismos; de fe, de esperanza, de armonía, de seguridad; nos quebranta el alma, no somos nosotros mísmos, porque algo está ocurriendo, es su presencia, nada menos que la del creador.

Y no necesitamos hacer citas especiales, buscar recomendaciones o intermediarios; digitar números telefónicos privados, tarjetas electrónicas, o pases codificados para hablar con él.

El está ahi esperando más bien a que lo llamemos, a que le abramos nuestros corazones, a ser mansos, humillados, arrepentidos. Y sin estos pasos previos, es imposible que ese contacto se haga realidad, por eso es que muchas peticiones no son escuchadas aparentemente por Dios, la cuestión es que hay mecanismos que aperturan esa comunión con Dios, y sin cumplir esos requisitos jamás habrá comunicación verdadera con él.

La gente que se dedica al chamanismo, santería, magia, curanderismo, y otras formas religiosas marginales, invocan a fuerzas que no son de Dios precisamente (aunque ellos afirmen lo contrario), y realmente son escuchados prontamente por el adverso, porque el único requisito para esas exitosas comunicaciones, es estar fuera de los verdaderos caminos de Dios.

No se puede mezclar el aceite con el agua, ni de una misma fuente que brota agua limpia puede brotar agua cenagosa; o con la misma boca que se alaba a Dios se debieran proferir palabras no limpias.

La comunicación con las fuerzas del mal son rápidas, efectivas y disponibles sin requisitos ni condiciones de virtuosidad o de sana conducta delante de Dios, malos y buenos son "ayudados".

Esto hace ganar muchas batallas a las fuerzas de la oscuridad; porque el mal está confabulado, organizado y sistematizado, y es solícito, para invadir y quebrar voluntades.

Como no lo está en cambio el bien y las cosas de Dios, en que sí hay un respeto por el libre albedrío humano, por su voluntad, por sus decisiones.

El hombre elige buscar o no esa intimidad con Dios, pero los medios o formas, están determinados por Dios, de acuerdo a sus leyes, y no por el hombre; los humanos tenemos que sujetarnos a la voluntad de Dios para todo lo que signifique alcanzar su presencia en nosotros, será bajo sus reglas, y no bajo las nuestras.

En la soledad, en la tranquilidad personal, en el silencio personal; es cuando mejor podemos conversar con Dios, abrirle nuestros almas, nuestro espacio, nuestra intimidad, llegar a él, reflexionar en nuestras vidas, con sencillez de pensamiento, atribulados, gozosos, o en éxtasis, pero básicamente arrepentidos; Dios se acercara amorosamente y acariciara nuestras almas con su inefable amor.

Dios está en todo lugar, no necesariamente metido en un templo o colgado en una pared, o en efigies.

Podemos llamarlo desde cualquier lugar, él vendrá. Y su presencia se verá en los frutos o conductas agradables de las mismas personas.

El Señor nos bendiga.